Por aquella época ya mostró su fuerte carácter resistiéndose a que le cortaran el pelo y convenciendo a su hermana bajo amenaza de amanecer pelada uno de esos días a que le hiciera permanentes caseras de modo de emular el afro de Jimmy. También le hurtaba las plataformas a Elvi Rot, su madre que allá por los finales de los ’60 y principios de los ‘70 vestía muy a la moda.
Verlo sacado, asido a una escoba cual guitarra eléctrica conectada mediante una soga a la heladera como si se tratase de un gran buffle, lejos de resultar gracioso provocaba reacciones de alerta en su madre y de miedo, cuando no pánico en su hermana. De todos modos, en aquellas ocasiones habían optado ambas mujeres por no interferir ya que las veces que lo intentaron sólo provocaron que los alaridos de Benito en sus covers a capella de Hendrix se hiciesen oír por todo el vecindario.
Cuando el 18 de septiembre de 1970 fallece el guitarrista, el entonces púber Benito sumido por primera vez en una profunda conmoción entendió que los ídolos son de barro y tras su duelo durante el cual se rapó a navaja, se abocó de lleno a la lectura de los filósofos existencialistas que marcaron a fuego su vida.
Por su parte La Perturbada además de pegar recortes en su álbum de figuritas era una adicta al cine. La Trava, que no era una gran cinéfila adoraba no obstante todo lo relacionado con la vida de las grandes divas del séptimo arte. De hecho, para uno de sus cumpleaños rindió homenaje junto a una colega a aquellas estrellas de la pantalla grande que la habían inspirado durante su infancia y juventud, justo antes de tomar la decisión de trasvestirse las 24 horas.
Esta afición compartida por ambas fulanas hizo que pronto entablaran amistad pasándose horas enteras intercambiando anécdotas sobre estas actrices que les aportaron la cuota de brillo y glamour de la que carecían en sus mustias existencias.
Para celebrar el aniversario del nacimiento de la Garbo, la Trava y la Perturbada alquilaron un filme emblemático de “La divina” Greta logrando despertar el entusiasmo de todas las mujeres del cotolengo, incluso el de Sor Raimunda que profesaba una secreta admiración por la mítica actriz bisexual. La noticia de la proyección corrió como reguero de pólvora entre la troupe femenina que, como no podía ser de otro modo no paraban de hablar todas a la vez de lo mismo. Es que si algo tenían en común todas estas mujeres era su gran expresividad y un fuerte temperamento que las hacía sentirse un poco Mata Hari.
Harto de tanta ascendencia, afición y estética femeninas el Erudito Benito, único huésped varón de carne y hueso, brotó. Dando un portazo se recluyó en su cuarto. Las mujeres alarmadas ante la reacción de Benito entraron en un extraño estado grupal de silencio el cual fue roto a los pocos minutos cuando reapareció extrañamente producido, como en ocasiones hacía de niño. Peluca afro, blusa setentosa de su madre, rostro embetunado y escoba en mano, colocó Freedom de Jimmy Hendrix en los altoparlantes del cotolengo y completamente eufórico emuló a su ídolo de la infancia.La Trava que a esa altura ya estaba un poco copeteada dirigiéndose a Pai Nando que yacía inmóvil, cual barman mal pagado, vociferó roncamente: “Yo quiero ser libre como Jimmy y tener tanto garbo como Greta”. Y citando al personaje de Ana Karenina, exclamó: “Dame un whiskie con soda al lado y no seas tacaño."
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